Posted On 07/03/2012 By In Notas de prensa With 1299 Views

Ciclón de Jerez, Olivenza

Este es el balance de Olivenza visto desde el punto de vista de dos grandes de la crítica Española:

Carlos Crivell (Sevillatoro.com)

Olivenza tenía un protagonista: Juan José Padilla. Se sabía que sus compañeros de otras tardes y de la misma corrida de la reaparición tendrían que supeditar su posible triunfo a la noticia de la vuelta del jerezano. Padilla cumplió perfectamente el guión establecido y la corrida final fue una sucesión de emociones que se quedan entre nuestros más bellos recuerdos. Sin embargo, en Olivenza han pasado otras cosas.

El Juli salió a demostrar que sigue siendo necesario en las ferias. Y salió tan acelerado que a veces no parecía el mismo torero. A estas alturas, El Juli debe serenarse.

Perera también quiso reivindicar su nombre. En su caso es más comprensible, porque Perera no es El Juli. Sigue abusando del toreo de cercanías en exceso. Mucho cuidado porque los públicos pueden cansarse de los arrimones.

Talavante sigue siendo un soplo de aire fresco en la torería actual. Mantiene esa dosis de posible sorpresa que obliga a esperar una genialidad. El extremeño al cabo de algunos años, parte casi como una novedad.

Ferrera es Ferrera. Para bien y para mal. Nadie puede dudar de su capacidad para torear lo que salga por chiqueros, aunque siempre en su estilo… Enrique Ponce es demasiado previsible a estas alturas. Cayetano dibujó muletazos de bello corte y, lo más importante, se pasó al toro más cerca. Hay que estar atentos por si persevera.

Si hablamos de calidad, lo mejor de todo el fin de semana fue la faena de Morante. Si está bien, como ocurrió en el primero de su lote, no tiene competencia. Manzanares estuvo a medio gas con detalles sueltos. Tiene que dar más. No hay que olvidar al novillero Álvaro Sanlúcar, con personalidad y ese punto que le hace distinto.

Del ganado, mal presentada la de Cuvillo y de pobre juego. Toros buenos de Garcigrande y Zalduendo, ésta posiblemente la mejor en conjunto. Y finalmente, una ovación cerrada para la empresa, personalizada en el sevillano José  Cutiño, un empresario que crea espectáculos para la historia.

Enrique Martín (Torosgradaseis)

Después de hechos como el acontecido en Olivenza hace unos días y de los grandes elogios a Juan José Padilla, sobre todo por ese pundonor, afición ganas y tantos atributos que se podrían resumir en la muy expresiva frase de “con un par de…” También he leído y oído las virtudes artísticas del jerezano. Y que conste que lo poco que he podido ver es de lo mejor que le he podido ver a este diestro, aún con toros con más kilos que trapío, es de lo mejor que le he podido ver de siempre, aunque tampoco me ha enamorado. Y no quiero pensar que determinados hierros vedados para cierto tipo de toreros, ofrecen muchas menos dificultades que el resto, para los que las figuras ya se autovetan, ni entrar en lo que uno hace con un solo ojo y otros…

Pero a lo que iba; uno lee las virtudes artísticas de Padilla, que no las ha tenido nunca; la maestría de El Fundi, algo de lo que ha carecido siempre; el arte de Manzanares, que todavía lo estoy buscando; o el poder de El Juli, que lo debe guardar en los bolsillos de la taleguilla. Y me siento totalmente ajeno a esta fiesta. Oigo hablar de la bravura de tal ganadería, de los que están fuera de tipo y no sirven, de la casta de un toro bobalicón o del trapío del que habla la gente que critica que en Madrid gustan los kilos y que cuando te cuenta su experiencia en la plaza un gran día de toros, empieza relatándote el peso de los toros.

Me resulta todo esto tan ajeno que se me pasa por la cabeza no seguir en esa carrera personal en la que llevo años, para ver si en algún momento me convierto en aficionado. También puede ser que la mayoría de esos aficionados cabales hayan sabido adaptarse a los tiempos mucho mejor de lo que yo nunca pueda ser capaz. Son los que admiten ciertas trampas y ciertas carencias, porque aquello que algunos esperamos ver ya se ha perdido para siempre. Ahora te tienes que conformar con el “esto es lo que hay”. Y siento que me afloren estos pensamientos precisamente con la reaparición de Juan José Padilla, de la que todo el mundo, absolutamente todo, se tiene que sentir muy feliz. Pero no creo que haya que cargar las tintas donde no hay tinta que cargar. No me parece ni medio aceptable, ni justo, que de la noche a la mañana todo el mundo se haga padillista, si es que no lo era ya, que muchos parece ser que ya lo eran, sufriéndolo en silencio.

Y claro, uno que a Padilla no le ha podido dedicar ni un elogio en la plaza, ahora tiene la sensación de haber estado hibernando los últimos quince años y se ha perdido un torerazo de época. Eso sí, tenemos que estar constantemente repitiendo el valor, las ganas y la entereza que ha demostrado desde el mismo momento de la cogida de Zaragoza. ¿No se nos está yendo un poco la mano? Ignoro los tiempos de recuperación que le han marcado al torero, pero ya le podíamos dejar un ratito tranquilo y dejarle a su ritmo. Bastante heroico es lo de vestirse de luces en plenitud de facultades, como para que se le empuje a un hombre a pasar tal prueba con la visión mermada de una forma tan radical y violenta.

Me cuesta ser aficionado por ese afán de haberlo visto todo, escuchado todo y grabado todo en la memoria. Ahora elevamos todo a la categoría de gran acontecimiento. Que me perdonen los afectados, pero lo sucedido en los pueblos, a no ser que sea algo sobresaliente, quizás le importe a los habitantes de ese pueblo, de la comarca y a lo mejor de la provincia. Qué más me da lo que haga José Tomás, Morante, El Juli, Manzanares, Fandiño o Perico de los Palotes en la plaza de Brihuega. Me puedo interesar por lo que pase en Madrid, Sevilla y dependiendo los casos, en Pamplona, Bilbao y poco más. Que ansia de saber las orejas cortadas en todas partes. Resulta que de repente hacemos caso a las críticas de los señores de los que nos estamos quejando todos los días, los mismos que glosan las maravillosas actuaciones de los geses. Esos mismos que nos quieren convertir en cirujanos del toreo y nos enseñan a manejar el bisturí con precisión para ir diseccionando tardes bochornosas para encontrar algo que en lugar de ser escandaloso y vulgar, se queda en mediocre. Grandes lidiadores de aficionados que nos trapacean por la cara para llevarnos a su terreno. Ese de buscar la aguja en el pajar y mientras nos entretenemos en ello nos distraemos del bochorno general que ahora es la fiesta de los toros. Que difícil es eso de buscar una aguja oxidada entre tanta vulgaridad. Que complicado tragarse que la bobonería y extrema nobleza es bravura, Es muy difícil ser aficionado. Es una empresa para la que solo están preparados unos pocos. Esos con un camaleónico poder de adaptación que caben en todas partes, en una plaza de primera, de talanqueras o en la boda de un semental. Para todas las ocasiones tienen un repertorio que repiten y repiten, pero que a nadie molestan. Otros nos pasamos la vida queriendo llegar a ser simplemente aficionados, para darse cuenta de que aquí no tienen sitio. Y encima, si no reconoces la maestría de quien no la ha tenido nunca, eres un malaje, aunque sientas una profunda admiración por un hombre que ha luchado contra más adversidades de las que muchos podríamos imaginar antes de sacar la bandera blanca y rendir nuestras posiciones. Juan José Padilla, va por usted.


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