Posted On 16/04/2019 By In headline, Reportajes, SlideInicio With 95 Views

¡Pum! Ni uno

            Madrid, 14 de abril de 2019. Plaza de toros de Las Ventas, tres cuartos de entrada.

            Seis toros de Victorino Martín, desiguales de presentación, destacó el primero, todos ellos descastados y desclasados al máximo. Nulo juego.

Fernando Robleño. Estocada desprendida. Palmas.

                                      Estocada desprendida. Saludos.

Octavio Chacón. Tres pinchazos sin soltar, aviso, desprendida tendida. Saluda, algunos pitos.

                        Estocada y descabello. Silencio.

Pepe Moral. Metisaca infame y estocada delantera contraria. Silencio.

                        Cuatro pinchazos, aviso, cinco intentos y descabello. Pitos.

            A la muerte del sexto se escuchó una pequeña explosión que muchos atribuyeron al aviso de que había terminado la corrida, al estilo de la finalización de los encierros en Pamplona. Y no, el petardo fue del ganadero. Y gordo, Victorino, gordo.

            Fue Robleño el primero en pisar el ruedo venteño, traía ganas y lo demostró toda la tarde. Ganas y sabiduría torera. Brindó al cielo y al público. Sus dos compañeros de terna también dedicaron sus primeras faenas a un veterano aficionado del 7 recientemente fallecido.

            Se desmontera Jesús Romero en banderillas y cumple Fernando muy por encima de un astado, el de mejor lámina, que ya se metía desde el saludo capotero. Este defecto continuó en la faena de muleta además de quedarse debajo. Muy peligroso el que abrió plaza, mucho. De las miradas ya ni hablamos.

            Al cuarto poco a poco trató de meterlo en la muleta donde con ambas manos sacó algunos muletazos de sabor, con sacacorchos, de uno en uno sin que llegaran a formar tanda. Salía suelto al final de cada pase con la cabeza buscando donde pasar la Semana Santa, unas veces mirando a Valencia, otras a Vigo.

            Torería de la buena de Chacón para llevar a los medios al toro con lances andando para atrás. Fue este segundo un toro fijo en la muleta y atento al cite. Imposible por el izquierdo, se dejaba sin más hasta que se fue quedando y quedando, apagado. Sin clase ninguna, no fue el único pero sí al que más se le notó.

            Lucirse es lucir. Eso es lo que hacen los buenos toreros cuando torean bien, destacar su trabajo ennobleciendo, en lo posible, la calidad del toro. Lo hizo en ambos Octavio con el capote, en este lo sacó otra vez a los medios y lo dejó largo en varas. En el segundo desmonta al picador sin más consecuencias y tanto se eternizó el tercer puyazo (casi desde el centro) que ya no llegó, cambio de tercio.

            Nada, ni poniéndose, oye. Al bueno de la peli no le disparan ni aunque se ponga a tiro. No traía nada en su interior el victorino. Poco pudo hacer, justificarse y poco más. Gustó su disposición torera. Para casa todo el mundo, se había corrido turno por haberse dañado al entrar a matar al segundo y pasar a la enfermería. Salió con la mano izquierda vendada.

            Cuesta abajo en la rodada en cuanto a presencia de los astados, protestado de salida fue el tercero. Ni siquiera era cuestión de peso (523, el que más de los tres primeros), feo y de escasa presentación se comportó parecido al primero. Corta faena, un poco de trasteo sobre las piernas y las protestas ya fueron alcanzando a Pepe Moral.

            Brindó al público el quinto pero él no estaba en la plaza, no en alma ni espíritu. Dibujaba largos redondos con la derecha pero el toro se caía en mitad de la rotonda. Cuando lograba permanecer vertical, era el torero el que fallaba. Poco a poco fue perdiendo el sitio Pepe. El sitio, el tiempo y la paciencia. Da igual que te descalces que te pongas zapatos de charol, cuando no es tu día, no es tu día. Prefirió sin zapatillas, allá él, sabrá por qué. Digo yo.

            Lo mejor de la tarde fue la elevada asistencia de público y la disposición y las ganas de Robleño y Chacón. Lo peor es que de los toros, Victorino, ni uno. Ni uno.

Texto: Finito de Teis

Fotos: Charo Lorenzo

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