Posted On 05/03/2013 By In Belmonte, 100 años de alternativa With 1298 Views

Un «Tancredo», veintitrés reales

Belmonte, 100 años de alternativa

 

Relatos sobre las anécdotas que se recogen en el libro “Juan Belmonte, matador de toros” del autor Manuel Chaves Nogales.

 

Aquella vida que Juan Belmonte estaba llevando de jovencito era de un verdadero «Malange» Sevillano, nada hacía de provecho y su vida transcurría en aquel puesto de aguas y refrescos que a moso de quiosco japonés se llavaban tanto en aquellos tiempos.

Así ganduleando y metiendose con todo aquel que pasaba por allí, pasaban los dias aquella pandilla anarquica que se dedicaban a torear de noche.

Juan tenía a un hombre preferido para sus bromas llamado Luis Verraco que aunque era el centro de la diana de las bromas de Belmonte siempre le seguía como una relacióa amor-odio. Todo se tomaban a guasa y broma menos cuando por el barrio apareció un fantasma que se paseaba por la zona con una sábana blanca y una luz en la cabeza, aquel «fantasma» si que era respetado ya que lo desconocido era temido, hasta que un día, apartaron los mozalvetes un torito de una piara de toros que de madrugada solian pasar por San Jacinto, el animal correteando por el barrio se encontró con el «fantasma» y este se subió a una reja, desde aquel día al «fantasma» se le dejó de respetar, ya que lo mínimo que se le podía pedir a un «fantasma» era que no se asustase de los toros.

Juan se sentía el ombligo del mundoy su vida iba pasando sin hacer nada de beneficio ni para sí mismo ni para su familia, un día de charla con su padre decidió dar un giro a su vida y, aquel mismo día se fue a torear, una vez más no pudo con su propósito.

 Hizo amistad con un aficionado y decidieron ir a Villanueva de San Juan, donde había una capea. Después de un aparatoso viaje, Belmonte se dió cuenta que no estaba haciendo otra cosa que pedir limosna por cuanro sitio pasaban camino de Villanueva y anduvo fastidiado de moral un tiempo; Un día marcharon a Coripe donde las capeas habian juntado a una quincena de torerillos hambrientos de toreo y de comida.

El comandante de la G. Civil sabedor de lo dificil de contener a quince chavales con ganas de asaltar toda finca con alimentos que la madre naturaleza les ofrecía, los tenía en una especie de prisión atenuada y los dejaba salir solamente para ir a torear. Antes de entrar en faena se pasaba el capote y el dinero lo incautaba el Cabo de la G. Civil y con el se realizaba un guiso para alimentar todas aquellas bocas hambrientas, lo sobrante se repartía por partes iguales.

El caso era hacer algo extraordinario, así se le permitía al torerillo pasar un capote solo para él, el amigo de Belmonte anunció un «Don Tancredo» que sería realizado por Juan y lo ganado se repartió quedando la cosa así: «Un Tancredo, veintitrés Reales».

Belmonte don tancredo

 Cap.1.- Primera heroicidad

Cap.2.- Cazador de leones

Cap.3.- Ha nacido un torero

Cap.4.- Una verdad revelada

Cap.5.- El segundo de La Tablada

Cap.6.- El que para, manda

 

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