«Tarde de expectación, tarde de decepción». Con esta conocida sentencia taurina puede resumirse perfectamente la presentación celebrada el pasado 27 de junio- cada vez con menos público- de la mal llamada Feria Taurina de la Peregrina en nuestra querida ciudad de Pontevedra.
Y no hablamos de decepción porque, para sorpresa de nadie, los carteles ya se habían filtrado días antes y las ganaderías eran conocidas desde semanas atrás. Lo que
realmente provoca esta presentación es un profundo desencanto, desengaño e insatisfacción; una larga lista de calificativos que podría prolongarse durante varios párrafos. La razón es sencilla: no existe ningún cambio reseñable respecto a años anteriores, ni en el fondo ni en las formas. Todo permanece igual: la empresa, la
coordinadora de peñas y, por supuesto, la confección de los carteles.
Venimos de una edición reducida en 2025, limitada a tres festejos, que, según la propia empresa, no obtuvo los resultados esperados en taquilla. Sin embargo, y también para sorpresa de nadie, la tarde de mayor éxito fue precisamente la de corte más torista y de mayor contenido ganadero. El festejo del 15 de agosto dejó dos triunfos incontestables: el de Victorino Martín, cuyos toros destacaron más por su juego y bravura que por su presentación, y el de Fernando Adrián, que protagonizó una actuación memorable, culminada con un indulto merecido y la obtención de los máximos trofeos.
Pese a ello, ni Victorino Martín —ni ningún otro hierro de perfil torista— ni Fernando Adrián, máximo triunfador de la feria y además protagonista de una Puerta Grande en Las Ventas durante el pasado San Isidro, figuran en los carteles de este año.
En definitiva, aquello que torero y ganadero se ganaron legítimamente en el ruedo no ha
sido respetado en los despachos. Y esa decisión la terminamos sufriendo los aficionados, no así quienes, como la coordinadora de peñas, llamados a ser los principales defensores de los intereses de la afición, parecen conformarse con aplaudir cualquier decisión sin atender a los méritos demostrados sobre la arena.
¿Qué nos espera este año? Esa es la gran pregunta. La respuesta, lamentablemente, parece evidente: exactamente lo mismo que en temporadas anteriores. Toreros con más de quince años de alternativa que acuden a la plaza para cumplir con el trámite, sin que sus actuaciones en el coso de San Roque hayan justificado, por méritos propios, su presencia reiterada en los carteles año tras año, tal y como viene sucediendo bajo la gestión de la actual empresa.
Me refiero a nombres como Alejandro Talavante, Sebastián Castella o incluso Roca Rey, figuras indiscutibles del escalafón pero que, al menos en Pontevedra, no han ofrecido
actuaciones acordes con la frecuencia con la que han sido anunciados. La repetición sistemática de estos nombres parece responder más a inercias o conveniencias empresariales que al reconocimiento de los triunfos y méritos cosechados en el ruedo pontevedrés.
Dejo para el final las escasas novedades de los carteles. La principal es la presencia de Diego Urdiales, torero de una madurez artística incontestable y cuya inclusión puede suponer un atractivo para el aficionado más exigente. Sin embargo, difícilmente despertará un interés especial entre una parte mayoritaria del público que frecuenta nuestra plaza, poco familiarizada con la liturgia taurina y más pendiente, en muchas ocasiones, del ambiente que de cuanto sucede en el ruedo.
Cuando la emoción y la autenticidad están presentes en la arena —como ocurrió en la corrida de Victorino Martín de 2025—, esa intensidad se traslada de manera natural a los tendidos. Tanto el aficionado como el público ocasional permanecen atentos, se interesan por lo que sucede e incluso tratan de comprender mejor cuanto acontece para no perder detalle de un espectáculo que les atrapa.
Sin embargo, cuando en el ruedo predominan los recursos mecánicos como martinetes o circulares por la espalda; los desplantes rutinarios y una tauromaquia vacía de emoción, el aficionado se aburre y el público desconecta. Y cuando el interés desaparece de la arena, el protagonismo pasa inevitablemente a los tendidos-cantar, beber, comer, la “ola”… un sinfín de despropósitos que no son acordes de la plaza más o menos
entendida que éramos hace tres o cuatro lustros.
Mucho me temo que esto último es lo que puede suceder con la presencia del novillero Marco Pérez. Ojalá me equivoque, pues será una magnífica noticia para la Fiesta, para Pontevedra y para todos los aficionados.
En cuanto al elenco ganadero, poco hay que decir y menos aún que celebrar. Regresan los toros de Alcurrucén y permanece la incógnita sobre lo que finalmente desembarcará Victoriano del Río en los corrales de San Roque. Sin embargo, a tenor de lo visto en los últimos años, el aficionado tiene motivos más que suficientes para mostrarse escéptico.
Todo apunta a que volveremos a asistir a un desfile de toros de escasa presencia, pitones sospechosamente cómodos y hechuras más propias de plazas de menor exigencia que de una feria que aspira a tener relevancia. Si además el juego ofrecido responde a la
tónica habitual de mansedumbre, falta de casta y escasa emoción, el resultado será nuevamente un espectáculo previsible y carente de ese factor de incertidumbre que constituye la verdadera esencia de la tauromaquia.
Me despido dejando por aquí lo que para mí serian las ausencias más destacadas,
Morante, Rufo, Borja Jiménez, Fernando Adrian en el apartado de toreros y Ganaderias
como Adolfo Martin, José Escolar, Cuadri, Valdellan, Torrealta, la Quinta, Victorino Martin, El Torero , Santiago Domecq o Salvador Domecq
Nos vemos en la plaza, QUE VIVA QUE VIVA LA VIRGEN PEREGRINA!
Fdo: Un abonado desde hace 28 años.






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