Posted On 11/08/2019 By In headline, Reportajes, SlideInicio With 134 Views

¿Quién me ha robado la oreja?

Pontevedra, 10 de agosto de 2019. Algo más de tres cuartos de entrada.

Dos toros de María Guiomar Cortes de Moura para rejones y cinco de Toros El Torero para la lidia a pie. Desiguales de juego y presentación, aprobada con nota esta última, destacable el aspecto.

Diego Ventura. Rejón caído y contrario y descabello. Saludos.

Rejonazo. Oreja e impresionante petición de la segunda.

El Fandi. Estocada y descabello. Oreja.

Pinchazo hondo caído y descabello. Oreja.

Pablo Aguado. Pinchazo, casi entera, intento, aviso, dos intentos más y descabello. Silencio.

Casi entera perpendicular. Silencio.

El sobresaliente, Enrique Martínez “Chapurra”, no actuó.

En cuanto a la fiesta, es su sexta acepción del diccionario la que hoy destaca en las plazas por encima ya del orden, del arte y del respeto a la lidia por parte de público ¡y de toreros! Impera la diversión.

Con dos largas cambiadas de rodillas recibió El Fandi a un Bostezo que el mes que viene hubiese alcanzado la condición de cinqueño. Delantales, chicuelinas y una serpentina para ir calentando el ambiente antes de mostrar un derroche de facultades físicas y experiencia en banderillas. El primer par horroroso en colocación y ejecución. El público enardecido a estas alturas con su ídolo. Sus armas no son luchar contra un manso con el que comenzó con muy pocas tandas de tres pases cada una. Ante un toro parado, la gente le recriminó la proximidad al toro. Podríamos decir que se trató de una faena sin muleta, esta oreja no tiene un pase.

Aumenta la apuesta el granadino en el quinto: tres largas cambiadas de rodillas. Continúa con verónicas en genuflexión y un quite por lopecinas, El Juli en un burladero del callejón. Seguimos al alza: cuatro pares de banderillas, dos en el último viaje. Que no pare la fiesta, brinda otra vez al público y empieza con circulares de rodillas. Es una faena, nunca mejor dicho, la que le ha hecho a un toro fijo, humillado y solo atento a la llamada para acudir. Es una faena, decía, sin apreturas de ningún tipo y sin aprovechar una embestida franca y limpia. Pases y más pases sin lucimiento pero con calado en el respetable. De lo más aplaudido fueron los molinetes de rodillas, ¡ay! Muletazos sin espada, otra oreja.

Manso salió el primero y Ventura, veterano caballero, logró meterlo cerca del estribo pero siempre al hilo de las tablas. Con Remate sí colocó tres cortas al violín en el centro y ya hervía la plaza. No pudo hacer más que pasear al aquerenciado toro barbeando la madera.

Con más pies salió el cuarto, Costureiro, y se llevó dos rejones de castigo. Comenzó fallando Diego en sus primeros intentos antes de acertar al estribo con Bronce. A dos manos y sin riendas banderilleó con Dólar, al que guardó marcha atrás en una demostración de doma. Cuando el presidente no le permitió poner más banderillas, él decidió que un sombrero en la testuz. El rejonazo fue de libro y escandalosa la petición de la segunda oreja que no llegó por decisión del palco. Besó Ventura la oreja y la depositó en el centro del ruedo. Por aclamación popular tuvo que dar una segunda vuelta al ruedo antes de producirse una bronca a la autoridad de las que no se escuchan en esta plaza, ensordecedora por momentos.

El tercero fue de caballo en caballo y pico porque me toca, aquí, allá y más allá, por toda la plaza, mostrando en cada tendido lo que no hay que hacer en el primer tercio. Huidizo desde la primera tanda, era un manso con peligro en caso de despiste humano o posibilidad clara de hacer presa. Imposible para Aguado plantear algo parecido a una faena de muleta.

En el sexto se coreó a olé por verónica el saludo capotero. En una voltereta se lastimó una mano y se cambió por el sobrero, un burraco de la ganadería anunciada.

A diferencia del anterior, este no se dañó una mano, doblaba las dos. Intentó Pablo su toreo característico y propio de manos bajas pero viajaba el toro con la cara alta. No se acoplaba debido a su concepción del manejo de la muleta, desluce mucho el pase un astado con la cara tan por arriba.

No tuvo suerte en el sorteo el sevillano cuando la plaza estaba deseando ver la sensación de esta temporada, pero la diosa Fortuna es pontevedresa y también peñista, estaba con El Fandi.

Mal repartidos los premios, a pie también se fue Diego Ventura con la misma cara de sorpresa, disgusto y decepción con la que recogió su único trofeo. Y abandonó el coso de San Roque sin saber quién le había llevado su oreja, su puerta grande y su mes de abril.

Texto y fotos: Finito de Teis.

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